Tumbarte a mi lado, alargar mi mano un milímetro, poder pasear por el dulce sendero de tu cuerpo.
Disfrutar de la noche, una noche mágica, donde las estrellas caen.
Cerrar mis ojos, mirarte de nuevo, y revisar cada rincón de tu cuerpo, para asegurarme, de que tu caida del cielo no te afecto.
Por cada estrella fugaz que pueda ver, pediré un deseo, ternerte siempre junto a mi.
Aburrir al rey de las estrellas con un mismo deseo.
Besarte a la luz de las estrellas, mientras mi mano busca un lugar para acomodarse en tu cuerpo.
Mirarte sin que te des cuenta, ver como prestas a las estrellas la belleza que te sobra. Y ellas a cambio colocan dos de estas en cada ojo.
Besarte de nuevo, perder mis labios, no querer encontrarlos.
De repente, te cojo la mano:
+Nos vamos.
-¿Pero, porque?
-Porque no quiero que las estrellas tengan celos de lo bonita que eres.
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