Soy de las personas que ríen sin parar, quizá hasta quedarse sin aliento, muchas veces no pillo los chistes, no estarán echos para mi.
Me encanta soñar, sea despierta o sea dormida, suelo escoger los sueños antes de acostarme, para asegurarme que soñaré con lo que me gusta, y que nada ni nadie los estropeará.
Amo llevar pequeños detalles que llamen la atención, las uñas siempre pintadas, y claro está que nunca de un color normal.
Una chica con carácter, las fuerzas me pueden.
Me afecta todo, lo bueno como lo malo, con las alegrías me pierdo, y con las tristezas me hundo.
Siempre pendiente del reloj, subida en el minutero, paseando por los segundos.
Debo decir que no soporto a las personas impuntuales.
¿En el bolso? llevo las batallas perdidas, porque son las que afectan al presente. ¿En el corazón? el orgullo de las batallas ganadas.
Las mentiras y yo, no nos llevamos muy bien, las odio.
¿Qué me mata? Las miradas. El sentir clavados tus ojos en los míos, intentar no parpadear para no perderme ni un segundo de la luz de tus ojos.
Odio me sobra para muchas personas, y el cariño lo fábrica mi corazón para todos vosotros.
Camino sobre mi futuro ya planeado, aunque lo imprevisto me descoloca, pero a la vez me centra en la felicidad.
Me enamoro fácilmente, pero también a las personas que no me hacen estar bien las elimino rápidamente.
Mi corazón se gana en breves, pero también se puede perder de repente.
Quiero a quién me quiere, odio a quién me da razones.
Las lágrimas no salen de mis ojos fácilmente, tiene que ser un acto muy importante para que se arreglen y salgan.
Pero tengo que decir que lloro con facilidad, nunca he llorado con películas, porque son simplemente un montaje, pero he acompañado los llantos de la música, porque son historias hechas melodía.
Me pones a Camarón De La Isla y me emociono.
Su voz se pierde por mi ser.
Para muchos es el Dios de la Religión del Flamenco.
Pero si me pones a Antonio Flores, y mi corazón se va con él, y le canta al odio.
Escribir me desahoga, el diario lo sigo cuando puedo, cuando merece la pena.
No escribo para que lean, escribo para sentir.
El sonido del trotar de los caballos me relaja, me hace tranquilizarme. Sentirme libre encima de un caballo es una sensación inexplicable, la mejor que he podido sentir.
Y en un resumen muy abreviado, así soy yo.

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