También ahora sé que las heridas de las rodillas, duelen menos que las del corazón. Pues el corazón es como el hielo, se rompe con facilidad, pero cuando quieres a una persona, se derrite sin más.
Solo podremos saber qué es la felicidad, cuando hayamos probado el sabor de las lágrimas.
domingo, 22 de abril de 2012
Heridas de la vida.
Cuando era pequeña, no dejaba de caerme, siempre tenía el cuerpo lleno de heridas. Lo que yo no sabía es que las caídas no sólo forman parte de la etapa de cuando somos niños, sino forman parte de nosotros toda la vida. Pero, he de decir que tengo visto y comprobado que las heridas de cuando éramos pequeños, siempre nos las hacíamos por pura diversión, es decir; siempre nos hacíamos daño corriendo, saltando, siendo felices...pero ahora, las heridas no siempre son el resultado de la felicidad, quizá sean el resultado de una felicidad momentánea, pero cuando eramos pequeños, nos caíamos, nos levantábamos, llorábamos por menos de diez minutos, y nuestra felicidad volvía. Ahora cuando nos caemos, nos cuesta mucho levantarnos, y la tristeza nos acompaña hasta que nuestro corazón decide separarse de ella.
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